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LAS
ANTENAS DE TELEFONÍA
Los
teléfonos móviles para funcionar necesitan de unas antenas
estratégicamente situadas. Estas antenas cubren una zona determinada
y reciben y envían señales de todos los móviles que se desplazan
y funcionan en esa área. Estas señales son ondas electromagnéticas,
que navegan por el espacio, penetrando también en edificios
y personas. Su potencia es máxima en las proximidades de la
antena, y va disminuyendo conforme se aleja de ella. Los malos
efectos que producen estas radiaciones electromagnéticas en
las personas están siendo objeto de investigación, y de momento
no hay un acuerdo. Para algunos científicos no hay motivos
de preocupación. Pero otros opinan que existen unos riesgos
y peligros. Y todos, unos y otros, opinan que hace falta investigar
más. Pero el ciudadano de a pié tal vez opina que ante la
duda, es mejor prevenir y no exponernos a riesgos innecesarios.
De momento la Unión Europea y la Organización Mundial de la
Salud están recomendando que se tomen precauciones y se investigue
más. El proceso es el siguiente. Las diferentes empresas de
telecomunicaciones solicitan la licencia municipal en el Ayuntamiento.
Algunas se instalan en zonas deshabitadas, pero la mayoría
se necesitan en los núcleos urbanos. Estudian la localización
y ponen las antenas en las azoteas de algunos edificios. En
el caso de edificios habitados se ofrece a la Comunidad de
Vecinos una suma considerable, con lo que no suele haber ningún
tipo de problema. Por desgracia a veces el dinero puede más
que la salud. En el tema de las telecomunicaciones, la técnica
ha ido mucho más aprisa que las leyes. La mayoría de ayuntamientos,
comunidades autónomas, e incluso los Estados no disponen de
una regulación adecuada a la nueva situación. Así nos encontramos
con una serie de antenas instaladas sin control. Otras que
son legales porque tienen licencia municipal y acuerdo de
la Comunidad de Vecinos. Pero en diferentes sitios hay normativas
distintas. Y en otros lugares, las quejas y las denuncias
están motivando que se establezcan medidas de protección adecuadas,
y de paso que las distintas administraciones se estén planteando
regular el asunto en serio.
EFECTOS
INDESEABLES
Hablaremos
fundamentalmente del tema de las ondas electromagnéticas.
Pero no hay que olvidar que una antena que pesa varias toneladas
puede afectar a ciertas estructuras del edificio que no estaba
pensado para esas novedades. Aparte del deterioro estético
que muchas de ellas producen en el edificio. El problema de
las ondas afecta a las personas que viven, duermen, juegan
o trabajan horas, días, meses, años, cerca, muy cerca de esas
antenas. No es nada bueno crear alarma social, pero tampoco
es bueno esconder información. En los países donde se han
tomado medidas de precaución, se han tenido en cuenta ciertos
informes científicos. Dichos estudios afirman que los niveles
de radiación en personas expuestas de forma continuada pueden
ser perjudiciales para la salud. Estas radiaciones podrían
producir cambios en el ADN, cambios en la actividad eléctrica
del cerebro, en la presión sanguínea, descenso de los niveles
de melatonina y otras hormonas, depresiones, irritabilidad,
dolores de cabeza, insomnio, fatiga, afectación del sistema
inmunitario, enfermedades neurológicas y otras. Aparte habrá
que tener en cuenta el acceso muy cercano a las antenas por
parte de las personas que suben a las terrazas, los trabajadores
de reparación, etc, que estarán muy expuestos a las radiaciones.
INICIATIVAS
Y PROPUESTAS
En Gran Bretaña, el Estado ha advertido a todos los
colegios de los peligros de la telefonía móvil, especialmente
para niños y adolescentes. En Nueva Zelanda y Australia,
las estaciones base deben estar a 500 metros de la población.
En España, el pasado 28 de septiembre el BNG presentó
en la Comisión de Ciencia y Tecnología del Congreso
una proposición no de ley en la que se pedía al Gobierno
lo siguiente: Establecer la obligatoriedad de instalar
las antenas de telefonía móvil en zonas alejadas de
los núcleos de población. Establecer la obligatoriedad
del uso compartido de la red de antenas por las diferentes
empresas de telecomunicación. Así, cada empresa no instalaría
la suya propia sino una red compartida (¿No les suena
a nada cuando todas las empresas quieren agujerear el
suelo para poner sus respectivos cables?) Pues bien,
estas dos medidas fueron rechazadas, derivando las competencias
a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos. Parece
ser que el Ayuntamiento de nuestra ciudad también está
estudiando el tema. Esperamos que tengan en cuenta todas
estas consideraciones, por el bien y la salud de los
ciudadanos. CONCLUSIÓN La ciencia, la tecnología y los
adelantos no deben estar reñidos con la salud. Todos
deberemos hacer lo posible para que la ciencia esté
al servicio de las personas, de la comunidad humana.
Para ello: Habrá que investigar sobre el posible efecto
dañino. Ante la duda, siempre precaución y prevenir.
Habrá que legislar y regular, en beneficio de las personas.
Y todos tendremos que hacer un uso racional y coherente
de los móviles.
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