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APUNTES
PARA UNA HISTORIA DEL MERCADO
Con
la finalización del año 2000 y entrada del año 2001 y con él el
comienzo de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, nuestro mercado
municipal ha entrado en una nueva fase, en una nueva época.
Y digo mercado municipal,
porque sólo tenemos ese y es de propiedad municipal. Últimamente
a la autoridad local y a los informadores de los medios de comunicación
les ha dado por hablar de mercado central, lo cual es un error a
todas luces. Últimamente a la autoridad local y a los informadores
de los medios de comunicación les ha dado por hablar de mercado
central, lo cual es un error a todas luces. Para que fuera "mercado
central" nuestra ciudad debería contar con otras mercados que vendrían
nominados como mercado de .... poniendo en estos puntos suspensivos
el barrio, zona, ubicación, nombre propio, etc. Al haber varios
mercados, tendría sentido y justificación apellidar como "central"
al ubicado en el centro de la ciudad y ser un poco más general,
"más de todos". Con la reforma que se ha llevado a cabo en el mercado,
se cierra por ahora una larga historia de despropósitos y de arreglos
y chapuzas para arreglar aquellos despropósitos. Ello, claro está,
relacionado con la estructura que alberga el mercado, o dicho de
otra forma, el recinto cerrado que alberga a vendedores y compradores.
VARIOS
MERCADOS
El hecho de tener mercado, en el caso
de nuestra ciudad,
nos viene dado con el mismo documento fundacional, o Carta Puebla.
Las primeras referencias que se tienen de un mercado organizado
las indica Benito Traver en su libro "Historia de Villarreal", pág.
294. La actual plaza de Colón,
lugar de ubicación de nuestro mercado municipal, justo al lado de
la iglesia arciprestal, fue cementerio hasta el año 1816.
Anulado
que fue este cementerio y trasladado más a menos al lugar donde
hoy queda ubicado el polideportivo J. Bta. Llorens, en la calle
de la Ermita, allí nació el mercado. Trasladado el cementerio, la
plaza, entonces llamada de San Miguel, "adornaron este llano con
un hermoso jardín; y hoy en día es una plaza despejada que sirve
de mercados." Con anterioridad a lo dicho, el mercado se celebraba
en lo que hoy llamamos plaza de la Vila, nuestra plaza Mayor y todavía
hoy se pueden ver en la parte superior de los arcos que la forman,
unos pequeños huecos de forma rectangular que atraviesan los muros,
y que servían para poner allí mismo los palos que sostenían las
telas o toldos para proteger del sol o de la lluvia a las mercancías
y a vendedores y compradores. Volviendo al mercado de la plaza de
Colón, a lo que pura y simplemente llamamos el mercado, cabe decir
que durante muchos años no fue más que una explanada en la que habían
plantadas acacias formando calles y un largo soportal que iba de
la calle Colón hasta los muros de la calle Iglesia, para cobijo
en caso de lluvia. Manuel Juan Nebot, en su libro "Villarreal siglo
XX" en su página 12 dice "las mercancías se exponían en cestos,
sacos y capazos, en el suelo. Algunos puestos de venta se montaban
en mesas portátiles que, en verano, se completaban con un armatoste
o quitasol provisto de toldo para resguardarse de los ardientes
rayos solares". A este respecto, quien esto escribe guarda la piedra
de mármol blanco que era la mesa de su abuela materna, que allí,
en el mercado, vendía carne. Y esta mesa de mármol, en los extremos,
tiene unas "ventanitas" que servían para poner los palos del citado
quitasol. Llegó un día en que la autoridad municipal consideró que
aquel mercado no era el que la ciudad merecía, e hizo el proyecto
de construir un edificio para mercado. Comenzó a construirse en
1924 y dos años después entró en servicio. Manuel Juan en su libro
ya citado, pág. 10, dice: "Era una especie de cobertizo cuadrangular,
en forma de almacén de grandes proporciones, falto de estética y
poco confortable. El viento y la lluvia penetraban por todas partes.
Su vida no sería excesivamente larga, el 21 de noviembre de 1970
cerraría definitivamente sus puertas para ser desmantelado y dar
paso a otro edificio nuevo. Cuarenta años largos prestando servicio".
Mientras se derribaba este mercado tan poco confortable como inadecuado
para el uso que le era propio, se habilitaron unos puestos en lo
que había sido el cine de verano "El Caserío", sito en lo que hoy
es la avda. Francisco Tárrega, esquina con c/ Torrehermosa, justo
en la finca en cuya planta baja hoy está situada la oficina del
INEM. Y se construyó el mercado que todavía hoy presta servicio.
Un despropósito. Un fallo total. De líneas casi futuristas para
la época, pero no apto para mercado. Alguien con muy buen humor
dijo que era un edificio "perfecto" para instalar en él un museo
de arte moderno, pero que como mercado era un desastre total. Para
acceder a él había y hay varios escalones, un impedimento imposible
de subsanar para personas mayores o minusválidos. No tenía, ni tiene,
ventilación directa por ninguna parte, con lo cual el ambiente allí
era asfixiante, tanto, que las puestos de verduras, frutas y hortalizas
que fueron instalados en el primer piso a la semana tuvieran que
bajar a la primera planta, pues lo que vendían, con el calor ambiental
y el techo de plástico, antes de media mañana estaba ya cocido.
El suelo se puso de losas de terrazo, que entre lo fina que era,
restos líquidos y de verduras, fue motivo de caídas y accidentes
de todas clases. Por otra parte, este piso no era posible lavarlo
con manguera y agua a presión, con lo necesario que es esta clase
de limpieza para sitios como el mercado, por ello su limpieza exigía
mucho más trabajo y mayor gasto. Los despropósitos y maravillas
negativas que se fueron descubriendo en el mercado nos llevarían
a escribir una antología, baste decir que el sótano que se le construyó
en más de una ocasión se ha inundado por la lluvia caída en grandes
cantidades. La calle de la Ermita es ancha y cuando llueve lleva
un caudal importante de agua. La pendiente que lleva esta calle
es considerable, entre una cosa y otra, totalmente parece un barranco.
Pues nadie vio el peligro y la boca de entrada al sótano fue construida
justamente para que el agua del barranco entrara y además en línea
recta.
EDIFICIO MULTIUSO
Como
en la parte de arriba no podía pensarse en poner ni un sólo puesto
de venta, se pensó en instalar en él el hogar para pensionistas
y jubilados. Y los técnicos del momento dijeron que aquello no ofrecía
garantías de ninguna clase para que allí se congregara un crecido
número de personas. Se
pensó instalar allí el conservatorio de música y nuevamente los
teóricos dijeron que hacerlo era no un peligro potencial, sino latente.
Más tarde, sin embargo, los técnicos no tuvieron ningún inconveniente
en que aquella planta albergara los juzgados, con lo cual el edificio
quedaba inhabilitado para derribarlo y construirlo de nuevo y hacerlo
como Dios manda.
AL DÍA DE HOY
Ahora, como decía al principio,
a finales
de un siglo y principios de otro, el Ayuntamiento ha acometido una
reforma, parcial, pero reforma. La verdad es que se pueden hacer
pocas maravillas con un edificio tal mal pensado y con tantas deficiencias
y con la servidumbre de tener en su parte alta a los juzgados.Por
lo que se ha podido apreciar viéndolo por fuera, ?cuando esto escribo
todavía hay andamios y obreros trabajando?, la reforma está mucho
mejor pensada que el edificio original. Al recinto se entra a pie
plano y se le ve mucho más luminoso, antes era angosto y oscuro.
Se le ve mucho mejor ventilado y es de suponer que pueda limpiarse
a conciencia y no con algodones como en su versión original. ¿Tiene
futuro el mercado municipal? ¿Podrá competir con la gran oferta
de los supermercados grandes y pequeños? Si nos atenemos a lo que
nos es conocido de otras ciudades, la capital de nuestra provincia
por ejemplo, la contestación debe ser afirmativa. Pero.... Los tiempos
han cambiado y el modelo de mercado tradicional, de toda la vida,
hoy no nos satisface a los compradores. Si el mercado y quienes
allí instalen sus puestos de venta quieren triunfar es necesario
que contacten con la realidad y con las exigencias de la sociedad
actual y con la de nuestro pueblo en particular. En la gran mayoría
de nuestros hogares hoy trabaja tanto el marido como la mujer. Aquella
imagen del ama de casa, que de buena mañana iba al mercado, hacía
su compra y volvía a preparar la comida, está presente entre nosotros,
pero cada vez menos. Si el mercado abre sus puertas a las ocho de
la mañana y las cierra allá entre las 12 y la una, es de una lógica
aplastante que en aquella casa que trabajan marido y mujer, aún
queriéndolo, no pueden ir a comprar al mercado. Ya con el tiempo
ni se acuerdan que existe el mercado. Luego los vendedores del mercado
han de adecuar su horario a las exigencias del público y no al revés.
Dotarse de teléfono para que uno pueda formular sus encargos por
este medio (ya hay algunos vendedores que cuentan con este poderoso
auxiliar, pero no es general). Poder encargar vía teléfono lo que
se desee y que lo lleven al propio domicilio del comprador es ya
práctica habitual en muchos comercios de la ciudad y debe serlo
igualmente entre los comercios con puesto abierto en el mercado.
La publicidad hoy es absolutamente necesaria y el mercado no puede
quedarse atrás en dar a conocer sus ventajas, sus ofertas, novedades,
etc. La competencia para vender hoy es feroz y todos, absolutamente
todos, queremos ir a comprar donde mejor se nos atienda, mejores
productos encontremos, más facilidades se nos den y a los mejores
precios. La vida exige un dinamismo y una actividad que hace que
nos olvidemos de la quietud, fidelidad y demás que presidían las
relaciones entre comprador y vendedor hasta hace unos años.
OTROS MERCADOS
El
tema de los mercados en nuestra ciudad da mucho de si. A pesar de
la extensión de este escrito, apenas si hemos entrado en aquél que
es el mercado por antonomasia. Quedan por analizar los mercados
de feria de los miércoles y los sábados, este último en sus dos
ubicaciones, junto al mercado municipal y en la plaza del Labrador.
Cabría recordar el
mercado del pescado en sus dos ubicaciones, la primera en la calle
Ecce Comunión, donde posteriormente estuvo Correos, la segunda en
los porches, a que ya se ha hecho referencia y que servía originariamente
para resguardar la lluvia cuando el mercado de la Plaza de Colón
era sólo una explanada con calles sombreadas por acacias. Cabría
hablar del mercado de las judías que se celebraba en estos mismos
porches, antes de ubicar allí la pescadería. Este mismo mercado
de las judías cambiaba de lugar los sábados, para poder montar el
mercado de feria y ocupaba ambas aceras de la calle de la Ermita,
entre las calles San Francisco, Vázquez de Mella y la antigua N-340.
Cabría extender de los dos mercados para las judías sitos en la
plaza de San Fernando y el camino de Santa Quiteria, y volviendo
la vista hacia atrás, a muchos años, hablar del mercado de "la carn
de moltó", el de la alfalfa y otros forrajes verdes, como alpiste,
avena, cebada, remolacha, zanahoria, el de alpargatas de esparto,
cuerdas de cáñamo, capazos, serones, el de palas para aventar trigo
y horcas, el de utensilios par labranza, platones de naranja y árboles
frutales, animales domésticos y, finalmente, el mercado de los pájaros.
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COMERCIANTS, EL COR DEL MERCAT
María Font
Cubedo
Els venedors qualifiquen la
reforma de l'edifici de "molt positiva"
Hem
anat al mercat de Vila-real per tal de parlar amb els carnissers,
verdulaires i fruiters, pescaters... per tal de saber qui són, el
temps que estan treballant en aquestes professions i l'opinió que
els mereix la remodelació del mercat, ja que ells són els que han
de donar vida al modern edifici.
-
Elisa Bort: "Estic tota la vida venent al mercat, a més els
meus pares ja es dedicaven a la venda de fruita i verdura. No vaig
a cap altre mercat, tan sols al de Vila-real, i m'agrada moltíssim
vendre ací perquè l'ambient que hi ha m'encanta. Jo quan tinc algún
mal de cap i vinc a treballar al mercat em passa en un moment. La
remodelació del mercat em pareix molt bé".
-
Vicenta Moliner i Yvonne Bono: "Jo estic treballant com a
dependenta 12 anys, però la
meua cap, Vicenta, i el seu
home ja fa 30 anys que van començar i ara també són carnissers el
fill i la nora. A més de vendre en el mercat tenim un altra carnisseria
(Artola). El nou mercat em pareix que està bé, però haurien hagut
de remodelar-lo tot i donar
més llicències per a què el mercat estiguera ple. Crec que treballar
al mercat central té l'avantatge de tindre el mercat ambulant de
fora, ja que els dies més forts són els dimecres i dissabtes."
-
Lorenza Martínez: "Fa uns 26 anys què estic venent fruits secs,
des de que es va fer el mercat. La meua família ja treballaven com
a venedors i jo vaig continuar. Vaig estar venent per distints mercats,
però des de què em vaig posar ací, al de Vila-real, m'ho vaig deixar.
M´agrada molt la remodelació, però jo ja no vendré al mercat nou."
-
Conxita Amposta i Manuel Casalta: " Els meus pares ja venien
carn fa uns 59 anys. A més de vendre al mercat també tenim una altra
carnisseria, així que nosaltres ja no baixarem al mercat nou. Però
sempre m'agradat vendre, ojalà hi haguera més ambient i l'èxit del
mercat fou una realitat"
-
Pasqual García Diago: "Estic venent formatge des de l'any
1973, des de què es va construir. La meua difunta dona i els meus
sogres ja es dedicaven a la venda. La remodelació em pareix bé però
ha de ser per a tots i no per a 12, de totes maneres crec que el
mercat no té molts avantatges perquè avuí hi ha moltes grans superfícies
i no es monten tendes noves, perquè hi ha poques vendes."
-
Juan Bou : "Em dedique a la carnisseria al menys 39 anys, perquè
els meus pares ja eren carnissers.
Tinc una altra tenda al carrer La Pietat, i en casa la venda és
diferent, les coses que no es venen en un lloc es venen en un altre
i així està ben compaginat. Me pareix molt bé la remodelació que
estàn fent"
-
Toni Cuartero : "Jo fa 20 anys que sóc pescater, en la meua
família hi ha tradició, ma mare, ma tia i el meu oncle ja es dedicaven
a vendre peix. La remodelació crec que és lenta i massa xicoteta."
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Pasqual Vicent: "Estic tota la vida venent en la carnisseria,
a la meua família ja eren
carnissers, però jo seré l'última generació perquè els meus fills
ja no continuaran amb el negoci. Crec que el mercat té molts avantatges,
mira si en té que estic vivint tota la vida d'aquesta carnisseria.
La remodelació me pareix molt bé."
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Xelo Oriola : "Jo estic venent en el mercat fa molts anys, uns
23 venent fruits secs. Ja la meua família es dedicava a la venda
d'açò, per tant és una tradició. La remodelació em pareix molt bé,
es quedarà un mercat molt modern." La Conselleria i l'Ajuntament
han invertit més de 64 milions en la remodelació del mercat.
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